
Que tiemblen los cimientos y se plieguen las paredes
que entre mis pilares te derrumbes y te crezcas
que soy arcilla en tus manos y miel en tu boca...
Hazme gritar...
Que mi cuerpo dé redobles
anclada yo en el centro de tu espalda
con mis pies en cruz y mis brazos hacia el este y el oeste;
que seas tú mi norte recorriendo mi sur...
Hazme gritar...
hasta que mis centros se abran al paso de tus vaivenes;
hasta que como buque, te escores en los acantilados de mis montes...
Ven y rómpeme...
sal del mar y dame tu agua
que todas tus olas se contengan en un susurro
en ese susurro que ahogue mi grito
y consuele tu alma.
Puramente Infiel
