La dulce perversión inicia
mucho antes de tu llegada.
Desde el instante en que,
me envías con la brisa
... tu caricia.
Observaba en forma meticulosa
... el horizonte
buscaba un destello, una luz
el resplandor de una palabra
la sonrisa de una mirada.
No encontré nada.
Y miré en el lecho
tu cuerpo iluminado
y tus párpados cerrados.
En ese instante
se encendió mi cielo
y amaneció mi boca
en el interior de los muslos
y tu obsceno acero.
Hoy estoy marcada
con el magma de tu infierno
y las llamas que arden bajo tu piel
y me consumen lento.